Reforma integral de piso unifamiliar de cerca de 120 m2. Los propietarios de este piso lo han mantenido cerrado mucho tiempo. En el momento de la reforma quieren mudarse y pasar de una vivienda con dos plantas a la comodidad de un piso amplio y luminoso. La distribución ya no satisface las necesidades actuales. Se decide prescindir de una de las cuatro habitaciones del piso y crear un gran salón comedor; cuando los propietarios reciben la visita del hijo y el nieto, este lugar es el centro de actividades.

Aunque las calidades son buenas, algunas se han pasado de moda por eso se actualiza el suelo de madera de roble dándole un acabado mate o se simplifican las molduras de escayola existentes para que resulte un equilibrio entre lo clásico y lo moderno.

La propietaria pinta y hace todo tipo de manualidades y el propietario ha sido carpintero; los fuertes colores de las paredes y la iluminación  buscan realzar las innumerables piezas de arte y mobiliario restaurado que poseen.

La terraza, de unos 28 m2 se acondiciona con un cerramiento de malla deployé lacado en color teja que enmarca el cielo y preserva de las vistas de los vecinos del patio de manzana.